Hace mucho tiempo, cuando la tierra aún aprendía a respirar,
los hombres olvidaron que el agua era sagrada. Construyeron ciudades que
devoraban ríos, talaron bosques que guardaban manantiales y ensuciaron las
fuentes que les daban vida.
El espíritu del agua, una mujer de cabellos líquidos llamada
Yara, se entristeció. Ella había nacido del primer rocío y había acompañado a
los pueblos desde el inicio de los tiempos. Pero al ver cómo la despreciaban,
decidió retirarse a lo más profundo de la montaña.
Sin agua, los campos se secaron, los animales murieron y los
hombres comenzaron a pelear por cada gota. El mundo se volvió árido y silencioso.
En medio de la desesperación, una joven llamada Amaya —la
única que aún escuchaba los susurros del río emprendió un viaje hacia la
montaña. Caminó durante días, guiada por el sonido tenue de una corriente
escondida. Al llegar, encontró a Yara llorando, y sus lágrimas formaban un lago
cristalino.
Amaya se arrodilló y dijo: Madre del agua, perdona a los
hombres. Hemos olvidado tu valor, pero yo prometo recordar y enseñar que cada
gota es vida.
Yara miró a la joven y vio sinceridad en sus ojos. Entonces
le entregó un cántaro mágico: Este cántaro llevará mi esencia. Si tu pueblo
aprende a cuidarlo, yo volveré a fluir por la tierra. Pero si vuelven a
traicionarme, me retiraré para siempre.
Amaya regresó con el cántaro y enseñó a su pueblo a honrar
el agua: a no desperdiciarla, a mantenerla limpia, a agradecer cada lluvia.
Poco a poco, los ríos volvieron a cantar y la tierra reverdeció.
Desde entonces, los ancianos cuentan que el agua nunca se
fue del todo, pero que aún escucha. Y si alguna vez los hombres vuelven a
olvidarla, Yara se retirará otra vez, y el mundo quedará seco como un desierto
eterno.
Esta leyenda convierte al agua en madre protectora y juez,
con un pacto que depende del respeto humano.
Agradecimientos a toda nuestra audiencia de la Emisora www.
urdimbre.co nos despedimos no sin
antes deseamos días bonitos y bendecidos llenos de armonía paz y tranquilidad y
mucho amor. Hasta una próxima ocasión