- “Chorro de Quevedo: donde la ciudad sigue naciendo”

20.11.2025

En el corazón de Bogotá late un secreto que, como las estrellas en el cielo, muchos miran sin comprender del todo; el Chorro de Quevedo. Allí, donde el zipa muisca contemplaba la inmensidad de la sabana (tan vasta como un universo en miniatura) y Gonzalo Jiménez de Quesada levantó su guarnición en 1538, comenzó a trazarse la órbita de una ciudad que aún gira en torno a este punto de encuentro..La plazoleta, pequeña en tamaño pero inmensa en significado, es como un átomo cargado de memoria; cada piedra contiene siglos de energía acumulada. 

Desde la fuente que el padre Quevedo instaló en el siglo XIX para saciar la sed de los vecinos, hasta las noches bohemias que aún iluminan sus muros coloniales, el lugar vibra como un laboratorio donde pasado y presente se entrelazan. Hoy, el Chorro es un escenario vivo, un microcosmos cultural. 

Allí los cuenteros son como astrofísicos de la palabra; expanden horizontes, provocan risas y pensamientos. La chicha de colores rescata tradiciones ancestrales como si fueran fósiles líquidos de nuestra historia, y los murales convierten las paredes en telescopios que apuntan hacia la identidad colectiva. 

Cada piedra del Chorro parece susurrar que Bogotá no solo nació aquí, sino que sigue naciendo cada noche, como una estrella que nunca deja de brillar. 

Es un espacio donde la memoria se mezcla con la fiesta, donde lo ancestral dialoga con lo contemporáneo, y donde cada visitante se convierte en parte de un relato cósmico; el de una ciudad que, al igual que el universo, está en constante expansión. 

Créditos: 𝗘𝗫𝗣𝗟𝗢𝗥𝗔𝗠​𝗡𝗗𝗢𝗦#Bogotá #Historia #Cultura #ChorroDeQuevedo— me siento afortunado(a) en Bogotá. 

El senador y candidato presidencial Iván Cepeda se ha consolidado como una de las figuras más influyentes en el debate público colombiano. Su relación con los medios de comunicación refleja un compromiso constante con la transparencia, la democracia y la defensa de los derechos ciudadanos.

Hace mucho tiempo, cuando la tierra aún aprendía a respirar, los hombres olvidaron que el agua era sagrada. Construyeron ciudades que devoraban ríos, talaron bosques que guardaban manantiales y ensuciaron las fuentes que les daban vida.

Share